viernes, 22 de septiembre de 2017

ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

Los alimentos genéticamente modificados o transgénicos se encuentran en el centro de un intenso debate entre quienes abogan por ellos como una solución ideal para el problema del suministro de alimentos y entre aquellos que denuncian sus potenciales efectos nocivos sobre la salud humana y el medio ambiente. Los documentos de esta sección abordan estas discusiones desde diferentes perspectivas.

Desde su introducción en el mercado, la mayoría de la población consume alimentos derivados de cultivos transgénicos —comúnmente llamados alimentos transgénicos—, aunque conoce poco acerca de esta tecnología y su seguridad para la salud. Estos cultivos, si bien se limitan a muy pocos casos, han sido los más estudiados en toda la historia de la agricultura moderna. La información disponible sobre el tema es muy extensa y esto dificulta la consulta por parte de los profesionales de la nutrición y de la alimentación en general, así como de toda persona interesada.

Los alimentos transgénicos están en la mesa de los consumidores de muchos países en el mundo desde hace más de quince ańos. A lo largo de todo este período, el debate en torno a su seguridad no ha cesado. Por un lado, las compañías biotecnológicas productoras de organismos genética mente modificados, apoyadas por un sector de la comunidad científica —a veces ligado directa o indirectamente a los intereses de estas organizaciones—, afirman que estos alimentos son seguros, que ningún otro en la historia ha sido tan escrupulosamente evaluado y que no hay evidencia científica que puedan perjudicar la salud del consumidor. Por otro lado, estudios científicos independientes encaminados a investigar los efectos a largo plazo indican posibles efectos adversos en el organismo de animales de laboratorio alimentados con alimentos transgénicos.



ANTECEDENTES
Lo que se busca es alterar las características naturales de un organismo. Por ejemplo, se han trasladado genes humanos a cerdos y peces para hacerlos crecer más rápidamente. Con frecuencia se transfieren genes de una especie a otra; por ejemplo, se han introducido genes de escorpión en el maíz para que la planta desarrolle su propio insecticida.

Los cultivos transgénicos que producen su propio plaguicida (por ejemplo el maíz) obligan a las plagas a desarrollar resistencia a los plaguicidas, lo que requerirá un aumento del uso de productos químicos tóxicos cuyos residuos se acumularán en los alimentos. Por su parte, las compañías ya se están preparando y quieren aumentar los niveles de residuos autorizados. Todo esto podría terminar en una situación incontrolable. 

La humanidad ya está consumiendo alimentos transgénicos, como la soja y el maíz. Ambos productos son utilizados en más del 60% de los alimentos procesados. La soja y el maíz transgénicos también pueden ser utilizados sin procesar como ración para animales de consumo.

Al frente de esta arremetida se encuentra la trasnacional Monsanto (la misma compañía que creó y produjo el Agente Naranja utilizado en la guerra de Vietnam), que por ejemplo desarrolló la soja Roundup Ready, concebida para ser resistente al herbicida "Roundup", también fabricado por Monsanto. Algunos de los campos de la compañía han sido destruidos por activistas contrarios a la manipulación genética de los alimentos. 

La sociedad civil lleva adelante una fuerte campaña en contra de los alimentos transgénicos, en defensa de los recursos genéticos y de la seguridad y soberanía alimentaria. Se denuncia que los motivos para la modificación genética son principalmente comerciales y políticos, y que aún no están claras las consecuencias que podría tener su consumo para la salud humana. Mientras las consecuencias de la manipulación genética no sean claras, se pide una moratoria a la introducción de los transgénicos en los mercados. 

Los críticos de la ingeniería genética dicen que las nuevas leyes de patente están dando a los inventores de los cultivos manipulados genéticamente un grado de control peligroso sobre la fuente alimentaria. También varios científicos han expresado su preocupación por considerar que la ingeniería genética es intrínsecamente insegura y podría producir nuevas toxinas en los cultivos de alimentos o incluso causar alergias en los consumidores. 

Cuando en agosto de 2002 el gobierno de Zambia rechazó el envío de ayuda humanitaria conteniendo maíz genética mente modificado, un nuevo debate quedó establecido: ¿se justifica el uso de alimentos transgénicos para paliar el hambre en los países más pobres? 

La modificación genética de alimentos –proceso por el cual se transfiere artificialmente información específica de un tipo de organismo a otro, sin importar la especie- es uno de los aspectos más preocupantes y criticados del desarrollo biotecnológico. La industria que lo practica afirma que es una manera de contribuir a la alimentación mundial, como si el problema del hambre fuera producto de la carencia de alimentos y no de su mala distribución. 

Se exige, al mismo tiempo, que los productos transgénicos que ya estén siendo comercializado sean debidamente identificados para que el consumidor sepa qué está comprando; actualmente son muchos los países –sobre todo en el Sur- donde se comercializan productos transgénicos sin que sea obligatorio etiquetarlos como tales.

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